14:00 Hrs.
Saint Peter Collage, Puente Alto, Santiago de Chile.
Ya era la hora de entrar a clases cuando siento una pequeña mano golpeando la puerta de la biblioteca, abro, y de la mano de su hermano mayor [el que no tenia mas de 12 años], me miraba una pequeña morenita, con su cabello largo y liso. Su ropa polvorienta y su carita sucia evidenciaban más que la jornada escolar del Segundo Básico, los recreos jugando en el patio de tierra.
-Mijita! Que hace aquí??!, ya tocaron para entrar a clases, vallase a la sala!!.
-Tío, ¿me puedo quedar con usted en la biblioteca?
-No, no, no. ¿Por qué se quiere quedar acá?, vallase a clases!!
[su hermano no emitía palabra]
- Es que yo ya salí de clases, y mi hermano sale a las 15:15, mi mamá trabaja hasta tarde y mi papá no vive en la casa.
No pude evitar sentirme déspota al ser invadido la lastima que me inspiraba lo poco que sabia de la historia de la pequeña morenita, la hice pasar diciéndole a su hermano que la viniera a buscar apenas saliera de clases.
-¿Cómo se llama usted?
- Me llamo Ana, tío.
- ¿y te gusta leer Anita?
- No sé leer, o sea, si sé leer pero me cuesta formar las frases.
-Ya, yo le busco un libro bonito entonces!
Le pase un libro que contenía muchos dibujos de animales, y con pequeñas frases, como tratando de incentivarla la practicar la lectura que tanto le cuesta y le encantó. Leía poquito, siempre en voz alta, como intentando unir las silabas y medio adivinando la palabra escrita. Entre tanto, yo buscaba algunas galletas que no me había terminado de comer para dárselas a ella.
-Pero tío, en la biblioteca no se puede comer!!
-¿No le gustan las galletas?
-Si, pero..
-Coma no mas! Que yo le doy permiso..
-Gracias.
-¿Almorzaste ya?
-Si, había puré, estaba rico, a mi lo que mas me gusta en el mundo es el puré, cuando mi mama va a la feria y compra papas, le pido que me haga puré y me lo como, y le pido repetirme, jijijijijiji.
También me contó que cada vez que se quedaba a dormir en casa de la abuela, ella a mitad de la noche, se levantaba sigilosamente, caminando despacio, casi levitando, para saborear un poco de su manjar favorito sin ser sorprendida por algún adulto : el queso preparado por la viejecita.
Durante cinco cuartos de hora estuvo bajo mi cuidado la pequeña. Me conversaba, me preguntaba, me miraba, se reía, me acompañaba. Con esa carita sonriente de niñita marcada por la tristeza de ser parte de un hogar dividido; sonreía tratando de ocultar esos rasgos.
A la hora señalada, llego su hermano a buscarla. Le puse la mochila y se fue corriendo sin siquiera despedirse. Al día siguiente llego a verme.
-Tío, usted ayer me dio sus galletas, le traje una manzana. ¿Me puedo quedar otra vez?
Saint Peter Collage, Puente Alto, Santiago de Chile.
Ya era la hora de entrar a clases cuando siento una pequeña mano golpeando la puerta de la biblioteca, abro, y de la mano de su hermano mayor [el que no tenia mas de 12 años], me miraba una pequeña morenita, con su cabello largo y liso. Su ropa polvorienta y su carita sucia evidenciaban más que la jornada escolar del Segundo Básico, los recreos jugando en el patio de tierra.
-Mijita! Que hace aquí??!, ya tocaron para entrar a clases, vallase a la sala!!.
-Tío, ¿me puedo quedar con usted en la biblioteca?
-No, no, no. ¿Por qué se quiere quedar acá?, vallase a clases!!
[su hermano no emitía palabra]
- Es que yo ya salí de clases, y mi hermano sale a las 15:15, mi mamá trabaja hasta tarde y mi papá no vive en la casa.
No pude evitar sentirme déspota al ser invadido la lastima que me inspiraba lo poco que sabia de la historia de la pequeña morenita, la hice pasar diciéndole a su hermano que la viniera a buscar apenas saliera de clases.
-¿Cómo se llama usted?
- Me llamo Ana, tío.
- ¿y te gusta leer Anita?
- No sé leer, o sea, si sé leer pero me cuesta formar las frases.
-Ya, yo le busco un libro bonito entonces!
Le pase un libro que contenía muchos dibujos de animales, y con pequeñas frases, como tratando de incentivarla la practicar la lectura que tanto le cuesta y le encantó. Leía poquito, siempre en voz alta, como intentando unir las silabas y medio adivinando la palabra escrita. Entre tanto, yo buscaba algunas galletas que no me había terminado de comer para dárselas a ella.
-Pero tío, en la biblioteca no se puede comer!!
-¿No le gustan las galletas?
-Si, pero..
-Coma no mas! Que yo le doy permiso..
-Gracias.
-¿Almorzaste ya?
-Si, había puré, estaba rico, a mi lo que mas me gusta en el mundo es el puré, cuando mi mama va a la feria y compra papas, le pido que me haga puré y me lo como, y le pido repetirme, jijijijijiji.
También me contó que cada vez que se quedaba a dormir en casa de la abuela, ella a mitad de la noche, se levantaba sigilosamente, caminando despacio, casi levitando, para saborear un poco de su manjar favorito sin ser sorprendida por algún adulto : el queso preparado por la viejecita.
Durante cinco cuartos de hora estuvo bajo mi cuidado la pequeña. Me conversaba, me preguntaba, me miraba, se reía, me acompañaba. Con esa carita sonriente de niñita marcada por la tristeza de ser parte de un hogar dividido; sonreía tratando de ocultar esos rasgos.
A la hora señalada, llego su hermano a buscarla. Le puse la mochila y se fue corriendo sin siquiera despedirse. Al día siguiente llego a verme.
-Tío, usted ayer me dio sus galletas, le traje una manzana. ¿Me puedo quedar otra vez?
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Hace tiempo que sé que mi vocación está en la pedagogía, pero siempre me he reusado a tratar con niños, ¿por miedo? No sè. Pero por niños como Anita, hoy quiero ser Profesor de Educación General Básica.
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